Empieza con lo cotidiano
Enseña su nombre, acudir, caminar con correa y descansar en su lugar. Usa premios apropiados, voz calmada y sesiones cortas. La consistencia familiar importa: todos deben reforzar las mismas conductas y evitar reglas contradictorias.
Mordisqueo y saltos
El mordisqueo es frecuente durante el desarrollo. Redirige a juguetes seguros y ofrece descansos. Premia saludar con las cuatro patas en el suelo. No sujetes el hocico ni uses dolor para detener conductas: puede aumentar miedo y conflicto.
Aprender a quedarse solo
Practica separaciones muy cortas y aumenta gradualmente cuando esté cómodo. Proporciona un entorno seguro y rutinas estables. Si aparece angustia, vocalización persistente o destrucción, busca ayuda en lugar de atribuirlo a desobediencia.
Cuándo pedir apoyo
Un educador con métodos basados en refuerzo positivo puede ayudarte con paseos y convivencia. Para miedo intenso, agresividad o ansiedad, comienza con una revisión veterinaria y un profesional de conducta. El dolor también puede modificar el comportamiento.



